Si hubiese sido una ficción, su mente… su psiquis estaría en paz. Pero sabe que ocurrió, que de algún u otro modo fue verdad. No pudo haber sido de otra manera. Y es que aún hoy sigue preguntándose: Qué pasó. Como la encontró… y perdió, tan rápido, por lo que tuvo que aprender a saborear esos momentos, los cuales abundan solo en su memoria. Tal vez en alguno de esos momentos se desencontraron, y terminaron por perderse. De ser así, eso le demostraría lo que siempre pensó de ella; que fue y es una constelación; seráfica, lejana e inalcanzable.
No obstante, al parecer, su encuentro pudo ser obra del destino. Empezaron recordándose… en ese momento de la mañana cuando las ideas no están del todo claras, al verse, supieron buscarse en sus memorias y reconocerse el uno al otro.
Quien tuvo la culpa, quien fue el culpable obrador de ese momento, esa ocasión de la que nadie fue testigo.

Realmente sus problemas se veían tan lejanos estando a su lado; ella hacía que se le dibujara una sonrisa en su rostro cada vez que se encontraban.
No obstante y más allá de todo lo que paso, tras sus ojos aún puede verse una tenaz corriente que lo obliga, más de una vez, a recordar ese día; en el que ella y él, se encontraban tendidos entre las hojas huérfanas que abundaban en el césped, mientras se mezclaban con las esencias que invadían sus discursos. Abstraídos de horarios, sostenían las miradas en las copas de los árboles que custodiaban los alrededores… absortos, contemplaban los límites de su razón, poniéndose a prueba el uno al otro. Sumidos en filosofía y emergiendo por la reflexión; pasaron desapercibidos entre las hojas suicidas que colisionaban en el césped.
Hubo un momento en aquella tarde, en la cual las hojas caídas pudieron suspirar una vez más remontando un torpe vuelo ascendente que concluyó en una estrepitosa caída. En ese momento, una súbita reacción de ambos, o solo un poco de inquietud por la posición horizontal adoptada para contemplar el cielo, hizo que se levantaran. Estáticos, permanecieron analizando la situación. Impulso, hijo de la curiosidad, culminó con el análisis y otorgó un oasis a toda esa incertidumbre.
